Ayer tuve el honor de encontrarme con una amiga que hacía mucho tiempo que no veía. Fue algo espontáneo que surgió: mandé un mensaje de texto para ver si podíamos encontrarnos; ella estaba disponible y así se dio.Qué mágico y bello es cuando todo se sincroniza para que algo suceda.
Cada vez que nos encontramos tenemos reflexiones profundas sobre la vida y nos ayuda a entender mejor el proceso que como humanidad estamos viviendo.
Los dos estábamos en total acuerdo que estamos pasando por momentos movidos a todo nivel. Yo le dije que en este año el 2010 me sentí en jaque, como si estuviera jugando una gran partida de ajedrez. Para ejemplificar agarré el individual donde la taza de té que habíamos tomado estaba posada y lo zarandeé; y la taza tembló y por momentos parecía que se iba a caer: “Así lo siento yo”, anuncié.
Divagando sobre distintas realidades me bajó esta información: estamos viviendo tiempos desafiantes y sentimos que los que se avecinan serán más movilizadores aún. “Fasten your seatbelts, it´s going to be a bumpy night”, dijo sabiamente Betty Davis en una de sus películas.
Los períodos de transición nos piden adaptación. Estamos pasando de le era pisciana a la acuariana, una diametralmente opuesta a la otra. La pisciana fue una era de rigidez, de mandatos verticales sin cuestionamiento de la autoridad porque nos costaba caro (hasta la vida) si lo hacíamos, de logias y secretos, de no hacer ni decir nada fuera de lo común por el qué dirán, de estructuras financieras generadoras de esclavos legales, de creer que Dios es un señor barbudo sentado en una nube, de sostener herméticamente mentiras. Me viene en mente la famosa frase adjudicada a Galileo Galilei que algunos desmienten, “Eppur si muove (y sin embargo se mueve), después de haber declarado frente a la “Santa Inquisición”, para salvar su vida y en contra de sus creencias, que La Tierra era estática y era el Sol el que gira a su alrededor. Ese episodio encapsula en pocas palabras la esencia de la Era Piscina.
La Acuariana es lo opuesto, era de aire y libertad, de secretos develados, de disolución de logias y estructuras rígidas y verticalistas, de cuestionamiento de la autoridad, de creer que Dios reside en cada uno de nosotros y escuchando nuestro silencio llegaremos a la esencia.
Pasar de lo rígido a lo flexible implicará una elongación que muchos no estaremos dispuestos a realizar pero otros le damos la bienvenida con la esperanza de no quebrarnos en el proceso.





